Taller Tango

Quizá somos todos diferente y por eso podemos bailar tango y la necesidad de bailar tango es diferente que la necesidad de bailar otras músicas. En el mercado somos todos iguales o a lo sumo jerarquizados por monedas que son el centro del valor. Pero el mercado no es ya el lugar público. Lo público se perdió porque implica la posibilidad de enfrentarse con lo diferente y aunque tal vez sea esto lo único que hay es mejor quedarse encerrado mirando a corta distancia pequeñas igualdades, lo que algunos dicen: seguridad. El mercado no es el lugar público es el lugar para extorsionarnos con el intercambio. El tango dice la inseguridad, la imposibilidad del amor como refugio eterno y la relación de amistad o amorosa que quizá solo dure los tres minutos de una canción.

Pensar que somos diferentes, que yo soy diferente de otro, de mí en el pasado y aun de mí en este momento, nos enfrenta a la posibilidad de que no haya sustancia que sea nuestra igualdad constante, justamente nuestro sostén. El tango se mete en este lugar como la curita y el relato de esa perdida de lo eterno, el encuentro casi la ruptura de la diferencia con el otro la otra, el abrazo que nos aprisiona pero sin romper el límite casi como ese otro abrazo que es el amor pero que tampoco nada rompe aunque engaña un poquito más que el tango que es solo parodia. Pero en el buen baile como en el amor no hay intercambio (transacción) hay solo un dar de cada lado.

El tango a veces es pequeño éxtasis y casi un cadáver, una sustancia que puede ser ofrecida en el mercado como souvenir, cosa que ya no cambia y de fácil relato, con una pátina de misterio en aerosol.

Pero la creencia para que lo bailemos es que no está muerto y sigue ahí y lo encontrás en algún kiosco o gomería a las cinco de la mañana sonando porque sí. Y entonces puede seguir siendo el encuentro fugaz de los diferentes que bailan para andar por los mismos caminos momentáneamente. El cultivo común de los diferentes es la cultura y sus frutos son cosas como el tango, lo que se comparte y lo que es momentáneo lazo.

>El tango nace como algo de los diferentes, los que no entran y no son mirados, los de la periferia. Negros sobrevivientes, gauchos sin campo y europeos pobres, diferentes entre sí y diferentes con la ley. Nace simple y machista pero no más que cualquier música o juego popular que tiene como límite el mandato europeo, cristiano, autoritario etc. y que no puede saltar hacia lo desconocido justamente porque no es consciente de lo que es.

Crece imperfecto y cambia muchas veces tanto en la música como en el baile pero mantiene un lazo que es la memoria que en cada tango está y que lo identifica sin necesidad de una estructura musical, le basta con una intención y esta es su lazo. Nació torcido y ha ido cambiando perdió las malas palabras (y las volvió a ganar) pero ganó las disonancias musicales y ese lazo que une a los diferentes va a perder su superficie autoritaria, impuesta por mercados costumbristas como algo inherente a esa música cuando en realidad lo es solo a la época en que se creó y popularizó. Superficie del tipo: quien lleva a quien y quien invita a bailar a quien (léase macho saca y baila a la hembra).

Con estas ideas se está armando el taller de tango en Villurca, el cuerpo a cuerpo sin mediaciones que es la danza del tango. Con el tema del cuerpo en el tango podríamos escribir un rato más pero como la danza del tango es en el cuerpo de uno o una con el cuerpo de otra u otro mejor no hablarlo más ahora y jugarlo en el taller.

(Deciembre 2007, Boletin de Asamblea)